PRÓLOGO
En el siguiente cuento de género se llevarán a cabo un sinnúmero de problemas que una valiente familia tendrá que enfrentar.
Las primeras hojas tratan de introducir brevemente la historia, con las descripciones de cada uno de los personajes.
Su desarrollo se basa en la aparición de un fenómeno catastrófico que causa la separación momentánea de ésta familia pero, de todos modos lucha por permanecer unida hasta el final.
Este cuento nos motiva a practicar los valores de la unidad familiar, la valentía, y la autoconfianza, en cualquier circunstancia o adversidad que se nos presente en la vida.
Espero que disfruten leer esta bonita historia y que les deje una enseñanza.
Centro Educativo San Pedro Apóstol
CATÁSTROFE
En el mes de Julio del año 2004, mis padres (Bob Carrasco e Ivanna Gil) nos dieron la increíble noticia a mis hermanos y a mí de que nos íbamos de viaje a Miami, Florida, por siete días de vacaciones.
Mi papá (Bob), un hombre buenmozo de 37 años, se destacaba por ser muy ejemplar y por su preocupación para el bienestar de su familia.
Mi mamá (Ivanna), de 36 años. Su personalidad y forma de ser era única, al igual que las deliciosas recetas que preparaba. Se caracterizaba por su generosidad y solidaridad con las personas.
Luisa, mi hermana más pequeña, tenía 6 años. Era muy extrovertida y siempre llevaba consigo una sonrisa dibujada en su rostro.
Yo (Jessica) era la mayor de mis hermanos y tenía 11 años. Me encantaba dibujar en mi tiempo libre y mi principal cualidad era la sinceridad. Tengo que admitir que era muy tímida con las personas.
Éramos una modesta y unida familia colombiana residente de la ciudad de Bogotá, Colombia.
Llegó el día del viaje, 06 de julio de 2004, y estábamos empacando todas nuestras maletas. Nos tardamos unos 12 kilómetros recorriendo las calles de la ciudad, hasta que al fin llegamos al aeropuerto, llamado ´´Aeropuerto Internacional El Dorado´´
Tuvimos una larga espera en el aeropuerto y estaba muerta de nervios porque apenas iba a ser mi primera vez en un avión, al igual que mis hermanos. Sin embargo, mis padres ya habían viajado antes.
El avión
Llegó la hora de subirnos al avión. A mis hermanos y a mí nos tocaron tres asientos que estaban situados delante de donde se encontraban sentados mis padres. Todo era tan cómodo, y en frente teníamos unas pequeñas pantallas para ver cualquier serie o película.
Cuando el avión comenzó a despegar sentía como si el alma se me iba, y el corazón se me desplomaba lentamente; me sentía flotando entre las nubes. Todo empeoró cuando sentimos las fuertes turbulencias, pero mantuve la calma. Luisa y yo nos quedamos viendo una película llamada ´´El Titánic´´, mientras que Charlie dormía. Estaba muy interesante, pero caímos en un inmenso sueño y no pudimos terminar de verla.
También pude observar el precioso cielo azul que hacía contraste con las turquesas aguas del océano.
Cuando nos tocó bajar del avión, pensé: ´´ Uff!! Estas largas horas no fueron echadas al vacío´´. Unos minutos más tarde, fuimos a recoger nuestras maletas y salimos del aeropuerto de Miami ´´Aeropuerto Internacional de Miami´´.
Después de haber recorrido unos instantes por las cálidas calles de Miami, nos dirigimos al hotel donde nos íbamos a hospedar. Pero nos dimos cuenta de que nos perdimos en el camino. Mi papá conducía un pequeño auto blanco alquilado que se movía lentamente, y de un momento a otro llegó a su fin y se detuvo en medio de la carretera. Así que decidimos buscar ayuda y le empezamos a preguntar a todo el que pasaba de nuestro lado la dirección del hotel ´´Great Hotel Sea Villas´´ en español, ´´Gran Hotel Villas Del Mar´´, pero nadie sabía.
Hasta que al fin apareció alguien con disposición de ayudarnos, y nos preguntó: ¡¿Qué hacen ahí detenidos en medio de la carretera?!
-Mi papá: Tenemos unos problemitas, andamos perdidos con este carrito dañado.
-Desconocido: Mm. Ya veo. Mi nombre es Omar, gusto en conocerte
- Mi papá: - Soy Bob, un placer. Ésta es mi familia, te la presento…
Después, todos nos conocimos y entramos en confianza con Omar, y éste le pregunta a mi papá:
-Omar: Bueno, ¿Hacia dónde quieres ir Bob?
Mi papá: -Hacia el hotel ´´Gran Hotel Villas Del Mar´´ ¿Lo conoces?
-Omar: Pero claro que lo conozco!!Ya he ido dos veces y es fenomenal. Se los recomiendo.
-Mi papá:¡WOW! ¿Hablas en serio? ¡Pura casualidad!
-Omar: Si, asombroso, ¿cierto? Salgan todos de ese carro y marchémonos de aquí en mi camioneta!
Eso hicimos, así que sacamos todas las maletas del baúl y nos subimos a la camioneta de Omar. (Por cierto, dejamos el carrito en el mismo lugar y nos fuimos).
El hotel no está muy lejos de aquí, está a unos 5 kilómetros, así que no se preocupen, ya casi llegamos: -Eso nos dijo Omar mientras conducía calmadamente su camioneta. Duramos un ratito recorriendo la carretera hasta que al fin llegamos al hotel. Retiramos todas nuestras maletas y le dimos las gracias a Omar por habernos llevado.
-Mi papá: - No te imaginas cuánto te agradezco esto. Me has hecho un gran favor, infinitas gracias. Ojalá podamos volver a verte.
Después, todos nos conocimos y entramos en confianza con Omar, y éste le pregunta a mi papá:
-Omar: Bueno, ¿Hacia dónde quieres ir Bob?
Mi papá: -Hacia el hotel ´´Gran Hotel Villas Del Mar´´ ¿Lo conoces?
-Omar: Pero claro que lo conozco!!Ya he ido dos veces y es fenomenal. Se los recomiendo.
-Mi papá:¡WOW! ¿Hablas en serio? ¡Pura casualidad!
-Omar: Si, asombroso, ¿cierto? Salgan todos de ese carro y marchémonos de aquí en mi camioneta!
Eso hicimos, así que sacamos todas las maletas del baúl y nos subimos a la camioneta de Omar. (Por cierto, dejamos el carrito en el mismo lugar y nos fuimos).
El hotel no está muy lejos de aquí, está a unos 5 kilómetros, así que no se preocupen, ya casi llegamos: -Eso nos dijo Omar mientras conducía calmadamente su camioneta. Duramos un ratito recorriendo la carretera hasta que al fin llegamos al hotel. Retiramos todas nuestras maletas y le dimos las gracias a Omar por habernos llevado.
-Mi papá: - No te imaginas cuánto te agradezco esto. Me has hecho un gran favor, infinitas gracias. Ojalá podamos volver a verte.
-Mi mamá: - Eso pensamos todos, ¿Verdad niños?
-Mis hermanos y yo: - Si!! Muchas gracias por la ayuda.
-Omar: No fue nada. Gracias a ustedes por confiar en mí.


Mi mamá fue arrastrada por el mar, y mi papá no volvió a aparecer por un largo tiempo. Estaba impactada, no sabía cómo reaccionar a aquel suceso. La gran ola alcanzó la altura del hotel de 6 pisos y cubrió toda la superficie de una manera muy violenta. Cuando miraba hacia arriba, sólo veía agua, mucha agua. Grité lo más fuerte que pude, como nunca lo había hecho en mi vida. Estábamos alborotados; gritando vueltos locos, buscando a nuestros familiares. Estaba agarrada de mis hermanos para no perderlos.
Todo era un total desastre, y los peces estaban esparcidos en la arena, todos los restaurantes resultaron ser destruidos, e incluso había personas muy heridas o muertas. Sin embargo, nunca perdí la esperanza de encontrar a mis padres. Sentía una profunda herida que se abría en lo más profundo de mis entrañas. Aunque recordé no estar sola, estaba junto a mis hermanos, lo que me dio más fuerzas para seguir buscando a mis padres.
Gritábamos juntos: ¡Papá!, ¡Mamá! ¿Dónde están? Por favor, ¡Dennos una señal para saber que están bien! Cuando escuché a lo lejos a mis padres gritar fuerte: ¡Aquí estamos! ¡Niños, vengan hacia nosotros!! Estamos bien! Sentimos un inmenso alivio al escuchar a nuestros padres, y corrimos tan veloces como un lobo, con grata alegría, mientras más nos acercábamos, más cerca se escuchaba su voz.
Hasta que al fin pudimos ver a nuestros padres, agarrados fuertemente de una palmera. Cuando ellos nos vieron lloraron de emoción al saber que mis hermanos y yo estábamos bien.
-Papá: Dios mío!! Qué susto nos han dado!
-Mis hermanos y yo: - Si!! Muchas gracias por la ayuda.
-Omar: No fue nada. Gracias a ustedes por confiar en mí.
Ahí acabó nuestra plática con Omar. Desde ese momento empezamos la aventura e ingresamos al hotel. Lo primero que vi fue un gran letrero con cinco estrellitas de color amarillo, lo que significaba ser un hotel de cinco estrellas.
Luego nos dirigimos a la sala de recepción. Había un gran sofá, y nos sentamos mientras papá pagaba y reservaba nuestra habitación. El hotel ofrecía una maravillosa vista a la bahía, con su playa privada, un campo de golf, tres gimnasios, un jacuzzi, seis restaurantes, servicios de masaje, club nocturno, entre otros.


Al día siguiente, nos dirigimos a un restaurante a desayunar unos ricos panqueques con jalea de fresa y un batido de banana. Después, reposamos un poco para digerir bien la comida y mi papá nos sugirió ir a darnos un baño en la playa; nos fuimos y me quedé en la orilla de la costa para meditar. Papá fue en busca de unos salvavidas para mis hermanos, ya que no sabían nadar.
Se podía sentir un ambiente muy placentero y acogedor. Las olas arropaban ligeramente toda la costa. Todo estaba muy calmado, y mi mamá ayudaba a mis hermanos a construir un castillo de arena. Mi papá aún no regresaba. El castillo de arena estaba casi listo, solo le faltaba una foto para recuerdos, así que mi mamá decidió ir a buscar su cámara y me dijo: Hija, vuelvo ahora mismo, quédate aquí con tus hermanos. Asentí con la cabeza y le dije que no se tardara. Mi mamá estaba caminando rumbo a nuestra habitación a buscar la cámara. Cuando volteé a ver, y ya mi mamá venía con la cámara. Se sentó y le tomó varias fotos al castillo, y después a nosotros.
Cuando mi papá venía con los salvavidas, de repente sentimos un pequeño temblor y las olas dejaron de arropar la arena. Todo el mundo quedó sorprendido de aquel fenómeno. Luego, todo el mar se recogió y formó una sola ola arrasando con todo lo que se encontrase en frente. Estábamos entre la espada y la pared.
Mi mamá fue arrastrada por el mar, y mi papá no volvió a aparecer por un largo tiempo. Estaba impactada, no sabía cómo reaccionar a aquel suceso. La gran ola alcanzó la altura del hotel de 6 pisos y cubrió toda la superficie de una manera muy violenta. Cuando miraba hacia arriba, sólo veía agua, mucha agua. Grité lo más fuerte que pude, como nunca lo había hecho en mi vida. Estábamos alborotados; gritando vueltos locos, buscando a nuestros familiares. Estaba agarrada de mis hermanos para no perderlos.
Todo era un total desastre, y los peces estaban esparcidos en la arena, todos los restaurantes resultaron ser destruidos, e incluso había personas muy heridas o muertas. Sin embargo, nunca perdí la esperanza de encontrar a mis padres. Sentía una profunda herida que se abría en lo más profundo de mis entrañas. Aunque recordé no estar sola, estaba junto a mis hermanos, lo que me dio más fuerzas para seguir buscando a mis padres.
Gritábamos juntos: ¡Papá!, ¡Mamá! ¿Dónde están? Por favor, ¡Dennos una señal para saber que están bien! Cuando escuché a lo lejos a mis padres gritar fuerte: ¡Aquí estamos! ¡Niños, vengan hacia nosotros!! Estamos bien! Sentimos un inmenso alivio al escuchar a nuestros padres, y corrimos tan veloces como un lobo, con grata alegría, mientras más nos acercábamos, más cerca se escuchaba su voz.
Hasta que al fin pudimos ver a nuestros padres, agarrados fuertemente de una palmera. Cuando ellos nos vieron lloraron de emoción al saber que mis hermanos y yo estábamos bien.
-Papá: Dios mío!! Qué susto nos han dado!
-Mamá: Niños, esto es un milagro! No puedo creerlo!
-Yo: Cuánto los extrañamos! No podría pensar vivir sin ustedes. Seríamos como ovejas sin pastor, pero gracias a Dios que pudimos volver a estar juntos.
-Charlie: Nuestro esfuerzo valió la pena, los quiero mucho.
-Mis padres: Oh! Qué lindos, pensamos lo mismo de ustedes, son nuestro tesoro. ¡Qué felicidad vernos nuevamente!
Tuvimos un reencuentro muy emotivo, y nos abrazamos muy fuerte como una verdadera familia. Estábamos todos a salvo, heridos pero unidos… en las saladas aguas de la mar.
— ¡Papi! — Le dijo un pequeño, corriendo hacia él. Al llegar, lo abrazó y Sam acarició los rizos dorados de aquel niño.
Sam empezó a caminar de vuelta al departamento, esta vez pensando en aquel niño que no aparece, mientras observaba el paisaje. El sol estaba en lo más alto, puesto que eran las 12 del mediodía, y el calor era insoportable. En aquella ciudad casi no había edificios, y la vegetación predominaba, llenando el paisaje de un hermoso color verde.
Anotó la dirección en la hoja con los datos de Michael, y se propuso visitar aquel lugar cuando tuviese tiempo.
Finalmente, encontró una casa que coincidía con la dirección. No era muy diferente a las demás. Se acercó a la entrada y tocó el timbre.
Aquella misma noche, Sam volvió de mejor humor a su casa, encontrando a su esposa en la cocina, un pequeño espacio con gavetas de madera, fregadero y estufa. Podría definirse como el lugar más cálido de la casa, aunque actualmente se encontraba oscuro y frío.
Me encontraba sentada bajo mi árbol preferido leyendo; estaba intentando descansar de mi vida, en serio que no quería llegar a esa casa. Porque mi hermano Dylan está ahí. Dylan es amargado y violento. Él hace de mi vida un infierno cada vez que estoy cerca, y de verdad que no quiero seguir con esa vida.
Luego de que Nick me dijera todo lo que me iba a decir, me llevo a comer helado, mientras comíamos nuestros helados a Nick se le ocurrió dar una caminata. Cuando nos detuvimos alce la mirada y vi una biblioteca muy bonita a mi parecer.
-Yo: Cuánto los extrañamos! No podría pensar vivir sin ustedes. Seríamos como ovejas sin pastor, pero gracias a Dios que pudimos volver a estar juntos.
-Charlie: Nuestro esfuerzo valió la pena, los quiero mucho.
-Mis padres: Oh! Qué lindos, pensamos lo mismo de ustedes, son nuestro tesoro. ¡Qué felicidad vernos nuevamente!
Tuvimos un reencuentro muy emotivo, y nos abrazamos muy fuerte como una verdadera familia. Estábamos todos a salvo, heridos pero unidos… en las saladas aguas de la mar.
FIN.
DESAPARECIDO.
Prologo
En
este cuento de suspenso, el protagonista, Samuel Ramírez, intenta resolver un
caso de desaparición de un pequeño llamado Michael Méndez. Samuel es un hombre
de 32 años como cualquier otro, con su esposa, un hijo de 7 años y ejerce como
detective. Un día, recibe información de parte de su hijo que le hace sospechar
de una posible desaparición, y aquí es donde empieza el misterio que
caracteriza a este relato.
En
este cuento aprenderemos a apreciar la familia y el amor que nos brinda, ya que
por más que peleemos, por más que tengamos desacuerdos, el amor familiar es
aquel que nunca nos abandona.
Desaparecido.
Ahí se encontraba él,
sentado en su oficina, un lugar pequeño, con apenas un par de sillas sencillas;
usualmente ocupadas por algunos de sus compañeros, y un escritorio con
computadoras encima. Portando, como es usual, su uniforme de detective negro,
con su pelo castaño oculto bajo su gorra.
— ¡Buenos días, Sam! —
Lo saludó un compañero.
— Buen día. — Respondió
él, desganado. Hace tiempo que no tenía un caso qué resolver.
Samuel Ramírez, ese era
su nombre. Un hombre de 32 años, casado, y con un hijo de 7 años. No suele ser
muy expresivo, ni siquiera con su esposa.
— ¡Ey, Sam! Ya es tu
hora libre. — Le informó un superior.
—Gracias, señor. — Le
contestó.
Sam se levantó de su
asiento. Salió del departamento de policía y se dirigió a la escuela de su hijo. Al llegar, se paró fuera del estacionamiento a esperar que sonara la
campana que indicaba el final de las clases.
— ¡Papi! — Le dijo un pequeño, corriendo hacia él. Al llegar, lo abrazó y Sam acarició los rizos dorados de aquel niño.
— ¿Cómo estás, Marco? —
Le preguntó Sam con una sonrisa, aquel niño era su luz.
— ¡Bien! — Dijo Marco
con su voz aguda y ojos tiernos.
— Bueno, vamos a casa,
hombrecito. — Le dijo Sam. Y empezaron a andar.
— Papi, en mi salón,
hay un niño que no asiste desde hace tres meses. Le pregunté a la maestra, pero
dijo que no sabe nada. — Le contó.
— ¿En serio? ¿Cómo se
llama ese niño? – Le preguntó, interesado.
— Se llama Michael… —
Marco se puso la mano en la barbilla, intentando recordar su apellido.
—
Michael Méndez. —
— Ya veo. — Dijo su
padre, pensativo. — Bueno, ya llegamos. Compórtate con la niñera, Marco.
Hoy
mamá tiene horas extras y no podrá quedarse contigo. — Dijo, abrazándolo.
— Sí. — Dijo Marco,
despidiendo a su padre con su pequeña mano.
Sam empezó a caminar de vuelta al departamento, esta vez pensando en aquel niño que no aparece, mientras observaba el paisaje. El sol estaba en lo más alto, puesto que eran las 12 del mediodía, y el calor era insoportable. En aquella ciudad casi no había edificios, y la vegetación predominaba, llenando el paisaje de un hermoso color verde.
‘‘Un niño desaparecido… ¿podría ser un nuevo
caso?’’ Pensó Sam, mientras entraba por la puerta principal del
departamento, para dirigirse a su oficina. Una vez de vuelta en su oficina, se
sentó y tomó un papel, donde anotó lo poco que conocía del niño: ‘Michael Méndez, tres meses de
desaparecido… es muy poca información. ’’ Pensó Sam, frustrado. ‘‘Podría pedirle ayuda a Marco. ’’ Se
le ocurrió. Y esperó al final del día.
A
la mañana siguiente, Sam se encontraba despidiendo a su hijo y esposa en la
puerta de la casa.
—
Hasta luego, cariño. — Dijo Sam, besando la mejilla de su mujer. Ella era de
estatura promedio, con el pelo rubio, rizo y corto hasta el hombro, con unos
ojos verdes cual esmeralda. Su nombre era Lillian.
—
Marco, tengo algo qué pedirte. — Le susurró Sam, agachándose hasta llegar a su
altura. — Necesito que revises la silla de Michael, por si tiene algún cuaderno
que me lo traigas. Que nadie te vea haciéndolo. —
El pequeño asintió,
algo confundido, pero sin cuestionar aquella orden.
— Gracias. — Dijo Sam,
levantándose. — Me voy, adiós.—
Una
vez en su oficina, Sam esperó ansioso su hora libre para ver a su hijo. Cuando
por fin llegó la persona de siempre a avisarle. Fue a la escuela de su hijo más
rápido que de costumbre. Y se calmó al verlo salir por la puerta principal. Lo
abrazó y se separó para hablarle.
— Y, ¿qué tal? — Le
preguntó Sam.
— Bueno, encontré esto.
— Dijo, y le mostró un cuaderno con una portada de autos.
— ¡Bien hecho! — Le
acarició la cabeza y Marco sonrió, orgulloso de sí mismo.
Sam,
una vez dejó a Marco en su casa, volvió a su oficina, se sentó en su escritorio
y revisó el cuaderno. Observó que en la primera página ponía una dirección,
acompañada de la frase ‘‘En caso de que
se pierda’’ y una foto de un niño pequeño.
Anotó la dirección en la hoja con los datos de Michael, y se propuso visitar aquel lugar cuando tuviese tiempo.
—
Debería informarle a mi jefe sobre esto. — Dijo para sí mismo, y se levantó,
dirigiéndose a la oficina de su superior.
—
Señor, tengo algo qué consultarle. — Dijo Sam, entrando a la oficina de su
jefe. — Aún no es seguro, pero creo que ha desaparecido un niño. — Y le pasó la
hoja con la información.
—
Bueno, te doy mi permiso para continuar con la investigación. — Dijo, luego de
leer la hoja. —Oficialmente hemos abierto el caso 007. — Y firmó en una esquina
de la hoja.
‘‘¡A trabajar se ha dicho!’
Sam salió de camino,
dispuesto a visitar la casa de Michael. Aquella dirección lo llevó a lo que
parecía ser un barrio de gente adinerada. Las casas eran un poco más grandes de
lo normal, tenían jardines conformados por macetas en las aceras, y estaban
pintadas de colores pastel; era como una maqueta.
Finalmente, encontró una casa que coincidía con la dirección. No era muy diferente a las demás. Se acercó a la entrada y tocó el timbre.
La puerta se abrió, y
detrás de ella había una mujer pelirroja, que parecía llevar muchas capas de
maquillaje en el rostro.
— Buenas tardes. —
Saludó Sam.
—Buenas. — Dijo aquella
mujer. — ¿Un policía? ¿Qué quiere? — Puso una cara de desagrado.
— Bueno, ¿es esta la
casa de los Méndez? — Preguntó Sam, revisando nuevamente la hoja con la
dirección.
— Sí. — Respondió
secamente la mujer.
— Bien. Yo soy el
detective Samuel Ramírez. — Dijo, y le mostró su insignia. — Puede parecer extremo,
pero, ¿qué ha pasado con su hijo en estos tres meses? —
— Él y mi esposo han
desaparecido. — Dijo sonriendo amargamente. — Fue a buscar a Michael a la
escuela y no volvió. —
— ¿Por qué no lo había
reportado antes? — Preguntó Sam. Anotando la nueva información.
— Ellos eran una
molestia, me alegro de que ya no estén. — La mujer cruzó los brazos, y Sam
intentó esconder su asombro ante aquella respuesta.
— ¿Me podría decir su
nombre y el de su esposo? —
— Mi nombre es Anabel
Clark. El suyo es Francis Méndez. — Dijo, ya harta de las preguntas.
— Mi presencia no
parece ser grata aquí. Gracias, ya me retiro. — Dijo Sam, anotando todo, y dejó
aquella vivienda.
‘‘Aquella
mujer no parecía muy agradable. Además de que no le importó revelar toda esa
información a un oficial. Esto podría ponerla en la lista de sospechosos y a la
vez no. Ni siquiera sé si de verdad ha
sido una desaparición o algo incluso peor. ’’ Pensó Sam
mientras se dirigía a su oficina.
Una vez ahí, organizó
la información y fue a consultar a su jefe.
— Bueno, según lo que
he recolectado, no solo desapareció el niño; su padre también lo hizo. Y a su
esposa no parece importarle lo ocurrido. — Le informó Sam.
— Es algo sospechoso,
pero aún no podemos afirmar nada. —Dijo. —Tienes que seguir investigando. —
— Como ordene, señor. —
Y se retiró.
Aquella misma noche, Sam volvió de mejor humor a su casa, encontrando a su esposa en la cocina, un pequeño espacio con gavetas de madera, fregadero y estufa. Podría definirse como el lugar más cálido de la casa, aunque actualmente se encontraba oscuro y frío.
— Hola, amor. – Dijo
besando a Lillian en la mejilla con una sonrisa de oreja a oreja.
— Te noto más alegre. —
Dijo Lillian, sonriendo de lado y alzando las cejas.
— Hay un nuevo caso. —
Dijo Sam, revisando que su hijo no estuviese cerca. — Uno de los compañeros de
Marco ha desaparecido junto con su padre. —
— ¿Y te alegras por
eso? — Lillian se cruzó de brazos, poniendo un rostro severo. A veces se
asemejaba mucho a una madre.
— Cariño, sabes que siempre
me ha encantado resolver casos. Además de que no se ha confirmado si les ha
pasado algo malo. – Y él se asemejaba a un niño.
— Bueno. — Lillian
recuperó su aspecto dulce de siempre, y besó a Sam en los labios. — Espero que
lo resuelvan pronto. —
Al oír las voces, Marco
entró a la cocina. Traía puesta su pijama con diseño de cohetes. Era su
favorita.
— ¿Papi? — Se acercó
mientras restregaba sus ojitos verdes con las manos.
— ¿Te desperté,
campeón? — Preguntó Sam, sintiéndose culpable.
— Sí… — Dijo Marco,
bostezando. Aquella respuesta fue como una bofetada para Sam.
— Qué sincero… —
Murmuró, con los ojos entrecerrados. — Bueno, mañana tienes escuela, debes
dormir. — Y tú. — Dijo mirando a Lillian.
— Ya voy, ya voy. —
Dijo Lillian levantando las manos en señal de rendición, con una sonrisa
juguetona.
‘‘Mañana será otro día’’
Pensó Sam, yéndose a dormir.
A la mañana siguiente,
Sam despidió a su esposa e hijo y fue a su oficina.
— Samuel. — Lo llamó su
jefe, entrando a su oficina. — Viendo cómo está el caso, no me parece bien que
tengas tantas pausas a la hora de resolverlo. —
— Disculpe, señor. Le
dedicaré más tiempo. — Dijo Sam.
— Bien. — Y se retiró.
— No sé cómo continuar.
— Dijo Sam para sí mismo. —Tal vez deba volver a la casa de los Méndez. — Y fue,
dispuesto a conseguir nueva información.
Se paró en la entrada
de la casa, dispuesto a tocar el timbre, cuando escuchó una voz detrás de la
puerta.
‘‘Esa
es la voz de Anabel. ’’ Pensó, y pegó la oreja de la
puerta para oír mejor.
— No es que me importe lo
que les pase, pero hay un detective detrás de ustedes. Opino que deberían irse
de Miami… Francis, es en serio. ¡No lo digo para que vuelvas conmigo! Si no me
crees, allá tú. — Y se escuchó el sonido de un teléfono al colgarse.
‘‘Miami’’
Y lo anotó en su libreta, volviendo a la oficina. ‘‘¿Cómo los voy a encontrar? Es demasiado grande’’
Al volver al
departamento, alguien lo llamó.
— ¡Samuel! — Ese era su
jefe. — Hoy nos ha llegado una noticia. El número de identificación de un hombre
no coincide con su nombre. Este hecho se dio en Miami. —
— ¿Miami? — Se
sorprendió Sam. — ¡Podría estar relacionado con el caso 007! — Y le mostró su
libreta.
— Excelente. — Dijo su
jefe. — Mandaremos un equipo para allá. —
Al
día siguiente, todos estuvieron esperando en el departamento, el equipo mandado
a Miami regresa mostrándose agitado.
—
Encontramos a la persona cuyo número de identificación no coincidía con su
nombre. Se estaba hospedando en un hotel y estaba acompañado de un niño
pequeño. — Dijo un policía, entrando al departamento acompañado de un hombre
esposado y un niño con apariencia de estar confundido.
Al
ver al niño, Sam lo reconoció inmediatamente; era el niño de la foto que estaba
en el cuaderno de Michael.
— ¡Es él! — Dijo Sam,
acercándose. — Michael Méndez. —
— Debemos interrogar a
este hombre. — Dijo el jefe de Sam.
Sam sostuvo el brazo
del hombre con esposas y lo llevó a un cuarto carente de iluminación, que tenía
una mesa y una silla a cada lado de la misma.
Lo obligó a sentarse y él se sentó en la otra
silla.
— ¿Cuál es tu nombre? —
Preguntó Sam.
— Jack Smith. — Dijo el
hombre, mirando hacia abajo.
— ¡El real! — Insistió
Sam, ya enojado.
— Francis Méndez. —
— Bien, Francis, ¿por
qué lo hiciste? — Preguntó Sam, ahora más interesado, mientras apuntaba en su
libreta.
—
Esa mujer… ella no merece el amor de mi hijo. No se hace cargo de él ni por un
momento, ¡no ayuda en nada! No puedo seguir manteniendo una fuente de gastos
como esa.
—
Ya veo. — Sam bajó la mirada, cuando el rostro angelical de Marco le llegó a la
mente. — ¿Y no pensaste en cómo podría sentirse tu hijo? Lo alejaste de la
única figura materna que tenía. —
—
No… no había pensado en eso. — Lo ojos de Francis se humedecieron.
—
Hemos terminado. — Dijo Sam, levantándose y saliendo de aquella oscura
habitación.
Al
salir de la habitación se encontró con un compañero policía.
—
Encárguense de él. — Dijo, refiriéndose a Francis, y le pasó los apuntes.
Sam
volvió a su oficina, aquella conversación le había revuelto el estómago.
Esa
noche, al volver a su casa, su hijo lo recibió con un abrazo, el cual Sam
correspondió con especial entusiasmo.
—
¡Hola, pequeño! — Dijo con una gran sonrisa. — Creo que Michael podrá asistir a
la escuela muy pronto. Trátalo bien. —
—
¡Sí! — El rostro del pequeño se iluminó.
Sam
fue a la cocina, donde encontró a su esposa, hermosa como siempre.
—
Hola, cariño. — La saludó con un beso en los labios.
Aquella
noche, Sam se sintió bien consigo mismo, pero a la vez estaba preocupado de
cómo terminaría el caso. Por lo que esperó ansioso el día siguiente.
A
la mañana siguiente, cuando Sam llegó al departamento, lo primero que hizo fue
preguntar por el caso de Francis Méndez.
—
Oh, ¿él? Le dieron libertad condicional. De hecho, aún no se ha ido, dice que
quiere hablar contigo. Y se encuentra acompañado de su esposa. — Dijo su
superior, y le señaló una puerta que estaba cerca. Sam fue hacia esa dirección,
y al entrar por la puerta, se encontró con los rostros conocidos de Francis y
Anabel.
—
Hola. — Dijo Francis. — Bueno, quería agradecerte, me has abierto los ojos.
Cuando volví a casa, hablé con mi hijo, y en aquella charla, él me contó cosas
sobre Anabel que me hicieron arrepentirme de mi manera de verla. Hablé con
ella, después de tanto tiempo, y sentí como el amor volvía a surgir entre
nosotros. Es como si nunca se hubiese ido. — Y rodeó los hombros de Anabel con
su brazo.
—
El amor es algo misterioso. Y mucho más el de la familia, además de que es el
más importante. No importa cuánto se peleen, el amor nunca se irá para la
familia. Quiero que entiendan eso; la familia es una de las cosas más
importantes en la vida. — Dijo Sam, observándolos con ternura. Aún eran una
pareja joven e inexperta.
—
Gracias, Sam. — Dijo Anabel, sonriéndole. Era tan brillante como las estrellas.
Luego, ella y Francis salieron de la habitación, dejando solo a Sam.
‘‘Todos
deberíamos adoptar esta forma de pensar. Hasta yo. ’’ Pensó Sam. ‘‘¿Y ustedes,
lectores?’’
Fin.
-Un cambio.
“Esta
es la historia de Saisha, una joven de pelo rizado, ojos mieles, con algunas
pecas y piel canela, es algo tímida, ama la lectura y es muy introvertida; a
esta, su hermano mayor Dylan, el cual es alto, delgado, pelinegro y tiene un carácter
muy fuerte, se enoja demasiado rápido, le hace creer que no tiene derechos y
maltrata física y verbalmente, porque la culpa por la muerte de sus padres.”
*La
historia está narrada desde la perspectiva de Saisha*
Por: Amaia Amparo
Un
cambio
Me encontraba sentada bajo mi árbol preferido leyendo; estaba intentando descansar de mi vida, en serio que no quería llegar a esa casa. Porque mi hermano Dylan está ahí. Dylan es amargado y violento. Él hace de mi vida un infierno cada vez que estoy cerca, y de verdad que no quiero seguir con esa vida.
Luego
de unos quince o veinte minutos decidí parar de leer y mirar la hora,
encontrándome con la sorpresa de que eran las 7:05 PM, o sea que me pase de tiempo
establecido para llegar a la casa. Me levanté lo más rápido que pude y salí
corriendo hacia mi casa. Mientras corría choqué con alguien y caí. Al levantar
la mirada pude ver unos hermosos ojos azules que me miraban con ternura. Cuando
salí de mi trance me puse de pies. En ese momento, aquel chico de intensa
mirada se agacho para que recoger mis libros, al percatarme de eso me agache y los
recogí, le agradecí y me fui.
Al
llegar a mi casa Dylan me grito e insulto diciendo:
-
¡NO TIENES DERECHO ALGUNO PARA LLEGAR TAN TARDE A ESTA CASA! ¡¿QUIEN CREES QUE
ERES?!-
Luego
de sus gritos sentí un ardor en mi mejilla, si, Dylan me había dado una
bofetada, y como era costumbre, bajé mi cabeza y subí a mi cuarto, luego de eso
Dylan no me hizo nada más.
Traté
de dormir toda la noche, pero se me hizo prácticamente imposible pues esa
hermosa mirada no salía de mi mente interrumpiéndome cada vez que cerraba los
ojos.
Al
día siguiente me desperté gracias a que Dylan me echo un vaso de agua encima
mientras me gritaba que estaba tarde y que aún no le preparaba su desayuno. Me
levante de la cama, me bañe y vestí con un suéter fucsia, una falda negra, mis
converse, me hice una cola como pude y tome mi mochila.
Bajé
las escaleras, entre a la cocina y empecé con el desayuno de Dylan. Decidí
hacerle un sándwich de pavo y un jugo de fresa. Cuando termine coloque su
desayuno en la mesa y como aun no bajaba decidí servirme jugo en un termo,
tomar una manzana e irme al politécnico. Al llegar al politécnico me dirigí a
mi salón de clases, cuando llegue aún faltaban unos minutos para que la clase
empezara, los cuales aproveche para leer.
Minutos
más tarde, inicio la clase, guardé el libro y empecé a prestar atención. Luego,
en la mitad de la clase alguien interrumpió abriendo bruscamente la puerta,
todos dirigimos la mirada hacia aquel lugar y cuando pude ver bien a la persona
me percaté de algo… Si, era aquel chico de mirada intensa, el mismo que no me
dejo dormir.
El
chico parecía haber corrido un maratón, estaba sudado y muy, en serio, MUY
agitado. La maestra lo miro y le cuestionó:
-
¿Nuevo verdad? - A lo que el chico asintió. - Okey, ve, toma asiento, y preste
atención jovencito. - Dijo y se dio la vuelta para seguir escribiendo en el
pizarrón.
Y
como si la vida estuviera en mi contra, había un asiento a mi lado que el chico
no demoró en ocupar. Obviamente no le puse mucho caso, fue difícil, pero lo
logre.
El
día había transcurrido normal hasta la hora de almuerzo, que como de costumbre
me senté bajo mi árbol favorito a escuchar música. Todo iba bien hasta que ese
chico se sentó a mi lado, me quite mis audífonos y pregunté.
- ¿Se te ofrece algo,
Rubio? - Dije ya algo fastidiada.
-La verdad, algo en ti
me llama la atención, me gustaría conocerte, saber que hay bajo esa mascara,
quiero saber quién eres en verdad. – Dijo sin una pizca de gracia en sus ojos.
– En serio, quiero conocerte Pecas.
-Lo siento, pero no
puedo hablar con extraños. - Dije tratando de evitarlo.
-Oh, okey, me llamo
Nicholas o Nick, como quieras decirme Linda. – Dijo de forma coqueta y
guiñándome el ojo. - ¿Y tú? – Dijo extendiendo su mano.
-Saisha… Saisha Smith.
– Contesté y algo dudosa estreche mi mano.
-Un gusto Saisha. –
Contesto besando mi mano, para luego soltarla, se puso de pie, me levanto y
dijo. – Ahora que no somos extraños… ¿Te animas a salir conmigo? –
- ¡¿AHORA!? ¡¿ESTAS
LOCO?!- Grite sorprendida por su repentina propuesta.
-Un poco si, ¿Vienes o
no? – Dijo mirándome con ojitos “tiernos”.
-Mmmmm…bueno, no tengo
nada que perder, así que vamos. –Dije recogiendo mis cosas, hasta que se me
paso algo por la mente. - Nick… ¿A dónde vamos?
-Pues… se me antoja un
helado, ¿Qué tal? – Dijo. Sentí mis ojos iluminarse, de la emoción di saltitos
mientras asentía rápidamente. – Wow, no pensé que te iba a emocionar tanto la
idea, bueno no perdamos más tiempo Linda. – Dijo y comenzamos a caminar hacia
un auto negro, muy lindo, por cierto, me abrió la puerta del auto y la cerro
cuando estuve dentro, se dirigió hacia su asiento, luego de eso partimos.
Al llegar a la
heladería recordé cuando era pequeña y no pude evitar comentarlo.
-Solía venir a este
lugar con mis padres y mi hermano. - Dije con cierta tristeza en mi voz.
- ¿Por qué ya no
vienen? - Cuestionó Nick muy curioso.
-Mis padres murieron
Nick. –Dije con mis ojos llenos de lágrimas.
-Ay
Saisha… Perdón, N-no lo sabía. –Dijo sintiéndose culpable. – Soy un idiota,
debería dejar de indagar tanto…
-No
importa, no lo sabias. –Dije intentando consolarlo.
-En serio lo lamento. - Tan pronto
termino de decirlo me abrazo… y en ese momento sentí como si mi mundo se
rompiera y rompí a llorar, en ese momento me descargue, fue como si se me
hubiera ido un peso de mis hombros.
Luego
de desahogarme Nick tomo mi mano y salimos a caminar, llegamos a una pequeña
colina, subimos y nos sentamos ahí.
Estando
ahí sentados me fije en Nicholas, era rubio, de ojos azules, era lindo, su tono
de piel era pálido, era amable, empático, atento, dulce, según yo, tiene todas
esas cualidades que una niña quiere que tenga su príncipe azul.
Ya
cuando estuve más calmada, Nick decidió calmar su curiosidad.
-A
ver Linda, ¿Qué escondes? Cuéntame Saisha. - Me cuestionó Nick.
-
¿Yo? No escondo nada, simplemente me gusta tener cara de perro para que no
molesten mucho. – Dije con simpleza y sin mucho ánimo.
-Okey
(¿?). – Luego, siguió haciéndome preguntas cada vez más personales. Cuando iba
a hacer la última pregunta lo interrumpí diciendo.
-¡¡¡ESPERA,
SON LAS 6:49 PM Y DEBO ESTAR EN MI CASA ANTES DE LAS 7:00 PM!!! – Dije
desesperada, en serio no quería problemas con Dylan.
-Bueno,
vamos. – Dijo y empezamos a correr hacia la heladería para buscar el auto,
desde que llegamos nos subimos y partimos hacia mi casa. Cuando llegamos a mi
casa, le agradecí y entre.
Al
entrar a la casa encontré todo hecho un desastre, mesas volcadas, jarrones
rotos, fotos en suelo y no sé qué cosas más esparcidas en el suelo, sin nada
que poder reclamar fui a buscar una escoba y una pala para poder limpiar el desastre
que Dylan hizo en uno de sus arranques de ira.
Estaba
casi terminando escuche unos pasos por la escalera, alce la mirada y vi a un
Dylan muy furioso. Se acercó a mi de forma muy rápida, me tomo del cuello y me
grito.
-
¡¿NO ENTENDISTE LA OTRA VEZ?! ¡¿QUE PARTE DE NO TIENES DERECHO A LLEGAR TARDE
NO ENTIENDES?! ¡¿QUIEN ME IBA A HACER LA CENA SI NO LLEGABAS!? ¡INUTIL! – Luego
de eso sentí su puño estamparse con mi ojo derecho, y ya no recuerdo nada más.
Me
desperté adolorida y confundida, pues no recordaba porque estaba en el suelo, bueno,
me levanté y subí para cambiarme. Cuando estuve fuera de la bañera me fijé en mi ojo
derecho y en su nuevo tono morado, me vesti y maquille tratando de disimular el
golpe.
Todo
el día estuve ignorando a Nick, pero gracias a un descuido de mi parte me
agarro saliendo del baño, intente zafarme, pero es obvio que él tiene más
fuerza, cuando deje de forcejear, me miro a los ojos y dijo.
-Saisha,
no sé qué rayos te hice, pero…- Se detuvo para examinar bien mi rostro, hasta
que se fijó en mi hinchado ojo derecho. - Ah, ya sé porque me ignoraste, yo no
te hice nada, el idiota de tu hermano si, ¿verdad? – Asentí. - Puedes
denunciarlo por esto, el maltrato no está permitido, ¿Lo sabías? No debes dejar
que él ni nadie te trate de esta forma, nadie tiene el poder de hacerte sentir
menos, o al menos no deberían… Ven preciosa, vamos a dar una vuelta. – Tomó mi
mano y salimos.
Cuando
llegamos Nick hizo prácticamente todo, yo solamente di el nombre y la
dirección.
-Okey,
gracias por la información jóvenes, nosotros nos haremos cargo tan pronto sea
posible. – Dijo amablemente aquel señor.
-Gracias
a ustedes por escucharnos. – Dijo Nicholas sonriéndole al señor gordito que nos
había atendido.
Al
salir Nick me miró y me dijo una frase que nunca voy a olvidar:
No
permitas que alguien te haga sentir que no vales, pues quien haga eso es porque
no tiene valor alguno.
Luego de que Nick me dijera todo lo que me iba a decir, me llevo a comer helado, mientras comíamos nuestros helados a Nick se le ocurrió dar una caminata. Cuando nos detuvimos alce la mirada y vi una biblioteca muy bonita a mi parecer.
- ¿Qué hacemos aquí? - Le
pregunte un poco emocionada.
-Pues
como te gusta leer… Te traje para que aprendas de un tema que te va ayudar
mucho en tu vida Linda. - Dijo contestando mi pregunta.
Pasamos
toda la tarde ahí dentro, Nick me mostró un montón de cosas, aprendí sobre las
mujeres de la historia, sobre mis derechos, sobre las feminazis y un sinfín de
cosas más.
Además,
entendí que no solo tengo deberes, como Dylan me hacía creer, sino que también
tengo derechos y que debo defenderlos.
Desde
entonces soy una combatiente de los derechos de la mujer, y he abierto los ojos
de varias mujeres, claro, con la ayuda de mi nuevo mejor amigo Nicholas.
Si
se preguntan por Dylan, tranquilos, está donde debe estar.